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Historia de los cines de Valladolid: 1896 – hoy

EventivalEventival9 de octubre de 20267 min de lectura

Hubo un tiempo en que en Valladolid había cine en casi cada barrio. Esta es la historia de los cines de Valladolid, del Zorrilla y el Roxy al Vistarama, contada sala a sala.

La historia de los cines de Valladolid empieza con una barraca, pasa por palacios de estreno con gallinero y termina, de momento, en multicines de centro comercial. Por el camino hubo cines de barrio, sesiones continuas, salas S y más de un cierre que dolió. Algunos edificios siguen en pie con otro uso. Otros solo quedan en la memoria de quien hizo cola en su puerta.

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La primera sesión pública de cine en Valladolid se celebró el 11 de septiembre de 1896, en la calle Constitución. Ese mismo mes se instalaron otros dos cinematógrafos: uno en la plaza de Fuente Dorada y otro en una barraca en la Plaza Mayor. El cine todavía no tenía casa propia, así que los teatros de la ciudad acabaron haciéndole hueco.

El Zorrilla se inauguró el 31 de octubre de 1884 con un drama de José Zorrilla, que asistió en persona al estreno. Nació como teatro, pero a principios del siglo XX empezó a proyectar películas y durante décadas alternó las dos cosas.

Su gran fecha cinematográfica es el 16 de octubre de 1930: ese día se proyectaron en el Zorrilla las primeras películas sonoras de la ciudad. Más tarde ofreció sesiones matinales y fue sede de la Semana Internacional de Cine. Cerró en los años noventa por el mal estado del edificio y reabrió, restaurado, en septiembre de 2009.

En septiembre de 1904, junto al Campo Grande, abrió el Cinematógrafo Pradera. Era una barraca de madera. En 1910 estrenó edificio definitivo, con proyecto del arquitecto Ramón Lavín Casalís: películas, teatro, zarzuela y revista bajo el mismo techo.

Sobrevivió a un incendio en 1920, recibió a Lorca y a La Barraca en 1933 y aguantó hasta septiembre de 1967. Se derribó al año siguiente. Su historia la contamos con calma en Lorca en Valladolid: historia del Teatro Pradera.

El Coca abrió el 15 de marzo de 1930 en la plaza de Martí y Monsó, a un paso de la Plaza Mayor. Fue durante años sede de la Semana de Cine, la actual Seminci, y en 1990 se reformó para convertirse en multisala.

Cerró el 12 de enero de 2003. En cartel, El Señor de los Anillos: Las dos torres y Harry Potter y la cámara secreta. Se despidió a lo grande, con dos taquillazos.

El Capitol abrió el 5 de noviembre de 1931 en la calle Panaderos con Su noche de bodas, protagonizada por Imperio Argentina. El proyecto se llamaba Cine Castilla, pero cambió de nombre al terminar la obra. Tenía unas 1.200 localidades y un color de marca: el azul, presente en el letrero, la pintura y los uniformes del personal.

Aunque se recuerda como cine, se concibió para competir con el Calderón y por su escenario pasaron teatro, zarzuela, ópera, variedades y bailes de carnaval. Con los años fue uno de los cines de referencia de la sesión continua. Cerró el 30 de junio de 1977 y se derribó en 1987.

El Lafuente abrió el 3 de febrero de 1933 en la calle Mantería. En los años ochenta cambió de nombre y pasó a ser el Mantería. Cuando cerró, en 2012, llevaba 79 años en funcionamiento y era el cine más veterano de la ciudad.

El Roxy abrió el 4 de marzo de 1936 en María de Molina, con un nombre tomado de una sala de Nueva York. Durante la Guerra Civil se llamó Cinema Radio. Se reformó en 1959 y en su última etapa su sala tenía 1.000 butacas. Cerró en 2014 y el edificio se convirtió en casino.

Un detalle curioso: el Capitol, el Lafuente y el Roxy los firmó el mismo arquitecto, Ramón Pérez Lozana. También es suyo el Teatro Carrión, de 1942. Medio paisaje cinematográfico de la ciudad salió de un mismo tablero de dibujo.

El Avenida abrió el 17 de septiembre de 1957 en el Paseo de Zorrilla, con La familia Trapp. En 1964 acogió la Semana Internacional de Cine Religioso, que años después se convertiría en la Seminci.

A partir de los cuarenta y, sobre todo, de los cincuenta, el cine se fue a los barrios. El Goya abrió en septiembre de 1944 en la calle Labradores y cerró en noviembre de 1986. El Delicias llegó en 1956 a la calle Carmelo. El Alameda, en 1961 a Portillo del Prado. El Embajadores, el 4 de marzo de 1967, con un bar al lado que se hizo famoso por su sepia a la plancha. Y el Matallana, en 1969, a la calle Gabriel y Galán, en Vadillos.

Eran cines de sesión doble, más baratos que los de estreno y con películas que ya habían pasado por el centro. En muchos, las butacas eran de madera.

El Vistarama abrió el 1 de noviembre de 1974 en Portillo de Balboa, en La Rondilla. Era una gran sala para su época. En 1988 reabrió como multicine, y esa adaptación le permitió aguantar más que ningún otro cine de barrio. Cerró en el año 2000.

El Castilla abrió en el barrio Girón en 1975 y tuvo una vida corta como cine. Después sirvió de escenario a compañías de teatro, y la última en usarlo fue Teatro Corsario, hasta 1998.

En 1956, el año de la primera Semana de Cine Religioso, Valladolid tenía ocho salas. Entre 1970 y mediados de los ochenta llegó a haber hasta 18. En el Calderón y el Lope de Vega, el gallinero era la forma más barata de ver un estreno. Barata, pero no cómoda.

Luego llegaron el vídeo, los videoclubs y una televisión cada vez más presente. A mediados de los ochenta, varias salas, como el Goya, el Lafuente, La Rubia, el Delicias o el Alameda, intentaron sobrevivir con cine S y X. Buena parte de los cines de barrio cerró en esos años.

A finales de los noventa, el cine se mudó a los centros comerciales. La piratería primero y el streaming después pusieron las cosas aún más difíciles a las salas de siempre.

En el centro resisten tres cines con historia. El Manhattan abrió en enero de 1983 como el primer minicine de la ciudad, con Fitzcarraldo y Lola en su estreno. Los Casablanca llegaron en 1987 a la calle Platerías y, tras cerrar en 2020, reabrieron en 2022 de la mano del cineasta Arturo Dueñas. Los Broadway abrieron en 1996 en el Paseo del Hospital Militar.

En 1998 abrieron salas en tres centros comerciales a la vez: Vallsur, Parquesol Plaza y el antiguo Pryca del barrio España, donde estaban los cines Ábaco. Solo uno de los tres ha llegado hasta hoy. Los de Parquesol Plaza y Ábaco cerraron en 2009.

El superviviente es el de Vallsur, en el Paseo de Zorrilla. Hoy funciona como Yelmo Cines Premium, con ocho salas, butacas reclinables y pantallas de diez metros.

En 2002 llegaron los cines de Equinoccio Park, en Zaratán, que cerraron en enero de 2021 entre reformas, la crisis del sector y la pandemia. Para entonces ya tenían un vecino potente: Ocine Río Shopping, que abrió en septiembre de 2012 en el centro comercial Río Shopping, en Arroyo de la Encomienda. Tiene diez salas. Está fuera del término municipal, la gran mayoría de su público llega desde Valladolid.

En 2024, un repaso de Onda Cero resumía el cambio en una cifra: de 18 salas en 1970 a cinco en la actualidad. Eso sí, hoy se cuentan pantallas más que cines, y sumando pantallas la ciudad tiene casi tantas como entonces. Lo que ha cambiado es el ritmo: en los ochenta, un gran estreno podía aguantar meses en cartel. Hoy, a veces no llega a la semana.

Hay mucha historia de los cines de Valladolid. Del cinematógrafo de la calle Constitución a la Seminci, la ciudad lleva 130 años mirando a una pantalla. Muchos de aquellos cines ya no existen, pero su huella sigue en las calles, en los edificios reconvertidos y en la memoria de varias generaciones. La próxima vez que pases por Mantería o María de Molina, mira hacia arriba. Ahí hubo un cine.

Si te gustan estas historias, en el blog de Eventival seguimos contándolas.

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9 de octubre de 2026

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