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Lorca en Valladolid: historia del Teatro Pradera

EventivalEventival2 de octubre de 20264 min de lectura

Federico García Lorca vino cuatro veces a Valladolid. Dos de ellas llenó un teatro junto al Campo Grande del que hoy no queda ni rastro.

La historia de Lorca en Valladolid es de esas que pasan por delante sin que nos demos cuenta. Un poeta que casi nadie conocía, un Ateneo, un teatro de verdad y otro que había empezado siendo una barraca de madera. Todo, en apenas siete años.

La contamos en un carrusel de Instagram y aquí la ampliamos con algo más de contexto. Buena parte de esta historia está documentada por José Delfín Val en su libro «Historias notorias de Valladolid».

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Un teatro que nació como barraca

Junto a la entrada del Campo Grande, en la plaza de Zorrilla, hubo un teatro que muchos vallisoletanos ya no recuerdan. Empezó en 1904 como un barracón de madera donde la familia Pradera proyectaba cine. En 1910 se inauguró el edificio definitivo, que tomó el apellido de sus dueños: Teatro Pradera.

Con la llegada del cine sonoro sumó teatro, zarzuela y revista. Es decir, un escenario popular, de barrio, de los que se llenaban sin necesidad de grandes nombres. Lo curioso es que un teatro que nació como barraca acabaría recibiendo a otra Barraca. Pero para llegar ahí hay que retroceder unos años.

1926: un poeta casi desconocido en el Ateneo

El 8 de abril de 1926, Federico García Lorca llega a Valladolid para cerrar el curso del Ateneo. Tiene 27 años y todavía no ha publicado el Romancero gitano, que verá la luz en 1928. Lee algunos de esos versos que aún está escribiendo y termina la noche sentado al piano, cantando canciones populares.

No vino por casualidad. Lo había invitado el vallisoletano José María de Cossío, amigo de los poetas que luego formarían la Generación del 27. Y quien lo presentó ante el público fue otro de ellos, también vallisoletano: Jorge Guillén. Su aviso al público fue sencillo: bastaba con escuchar a Lorca para rendirse a su poesía.

1932: cante jondo en el Teatro Zorrilla

Seis años después, Lorca vuelve. Es el 27 de marzo de 1932, Domingo de Resurrección, y el escenario es el Teatro Zorrilla. Esta vez no viene a leer poemas, sino a hablar del cante jondo, uno de los temas que le acompañaron toda la vida.

Ya no es un desconocido. El Romancero gitano lo ha convertido en uno de los nombres más comentados de la literatura española. El chico del piano del Ateneo es ahora el poeta del que habla todo el país.

La Barraca y la Bella Aurelia

Lorca tenía otra idea en la cabeza: sacar el teatro clásico de los libros y llevarlo a los pueblos. Así nació La Barraca, el teatro universitario que dirigió junto a Eduardo Ugarte. Eran estudiantes que montaban su propio escenario, viajaban de plaza en plaza y no cobraban entrada.

Se movían en una camioneta a la que Lorca bautizó como «la Bella Aurelia», por Aurelio, el estudiante que la conducía y la cuidaba como a una hija. Camino de Valladolid, en la primavera de 1933, hicieron una parada en Tordesillas. No para actuar. Era día de mercado y aquellos estudiantes se quedaron un rato en la Plaza Mayor, entre puestos y vecinos. Hay foto que lo cuenta.

Abril de 1933: lleno en el Pradera

El 11 de abril de 1933, otra vez en Semana Santa, La Barraca llegó al Teatro Pradera. Aquella noche representaron tres entremeses atribuidos a Cervantes: La cueva de Salamanca, La guarda cuidadosa y Los dos habladores. Piezas cortas, pícaras y llenas de humor, ante una sala completamente llena.

El público era sobre todo gente de barrio, que respondió con largos aplausos. La crítica habló de un éxito rotundo, aunque se permitió un pequeño reproche: el decorado le pareció demasiado moderno para unas historias tan populares. Ni en 1933 se libraba nadie de una buena crítica de escenografía.

Septiembre de 1933: Fuenteovejuna

Cinco meses después, el 4 de septiembre, La Barraca volvió al Pradera. Esta vez con Fuenteovejuna, de Lope de Vega, y El retablo de las maravillas, de Cervantes. Antes de empezar, Lorca subió al escenario para hablar al público y explicar cómo habían entendido la obra. La sala volvió a llenarse.

Lo que queda del Teatro Pradera

Esa fue la cuarta y última visita de Lorca a Valladolid. El 18 de agosto de 1936 fue asesinado en Granada y, poco después, La Barraca se disolvió. El Teatro Pradera siguió en pie unas décadas más: cerró el 24 de septiembre de 1967 y fue derribado al año siguiente.

Hoy no queda nada del edificio. Pero sí la idea que lo llenó dos veces en 1933: llevar la cultura a donde está la gente, sin esperar a que la gente vaya a ella. Casi cien años después, sigue siendo igual de necesaria.

Valladolid, una ciudad llena de historias

Valladolid tiene muchas historias como esta, escondidas detrás de una plaza, un solar o un nombre que ya nadie pronuncia. Si te gusta descubrirlas, en el blog de Eventival seguimos contándolas.

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2 de octubre de 2026

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